Informe: A ARIEL HOLAN ESA PASIÓN POR ENTRENAR HOCKEY SE LA INCULCÓ UN APASIONADO

A los 16 años dirigió por primera vez en un deporte que tiene mucho en común con el fútbol.

(Fuente: Diario Clarín; Cronista: Mariano Ryan)
Ariel Holan dirigió a Uruguay, que ganó una medalla de bronce histórica en los Panamericanos de 2003. (Foto: Referi.uy)
Luis Ciancia es un personaje central en la historia del hockey sobre césped argentino. Hombre de una personalidad fuerte y un enorme entrenador sumamente respetado por todo el mundo, dirigió a diferentes equipos pero tal vez uno de sus máximos logros no lo consiguió parado al costado de una cancha sino sentado detrás de un escritorio: fue cuando desde su función de head coach de los seleccionados nacionales y contra muchas voces en contra designó a Sergio Vigil como director técnico de un conjunto que venía de un golpe muy duro en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. En aquel 1997, Vigil se hizo cargo del seleccionado mayor femenino. Y Ciancia, entonces, puso la semilla de quienes tres años después se convertirían en Leonas. Pero el Gordo Ciancia fue, además, el responsable de alumbrar en Ariel Holan el amor por educar y entrenar hockey. Y de convertirse en un apasionado de la táctica profunda y de la planificación metódica para llegar a los grandes objetivos. Tenía apenas 16 años cuando en Lomas -club en el que había comenzado a jugar en 1975-, Ciancia le ofreció dirigir a los equipos B de una institución con una enorme tradición en el deporte del palo y la bocha. A los 20 pasó a Alemán, un club con sede en Burzaco, y por primera vez le tocó entrenar de manera “oficial”. Aunque aquellos primeros tiempos fueron difíciles. “Al primer entrenamiento, el 15 de agosto del 79, fueron 12 jugadores y jugadoras y entre ellas, acompañadas por su mamá, llegó Alejandra head, quien tenía unos 5 años y mucho tiempo después se convertiría en una de las figuras de las Leonas; luego de ocho largos años dejé 200 jugadores en ese club en el que todavía se juega al hockey”, recuerda Holan cuando la euforia por el pase a las semifinales de la Copa Sudamericana todavía no se le escurrió de su cuerpo. Luego vinieron tres temporadas en Olivos y el primer reconocimiento importante al ser designado ayudante técnico de Gustavo Paolucci en los seleccionados de Buenos Aires. Tiempo después sería también el coordinador de los conjuntos porteños obteniendo varios Campeonatos Argentinos con jugadores que hicieron historia como Carlos Retegui, los hermanos Matías, Rodrigo y Lucas Vila, Juan Manuel Vivaldi y hasta Gonzalo Peillat, que actuaba en el Sub 15 por aquellos años, y trabajando junto a entrenadores como Santiago Capurro, Rolando Rivero, Mariano Ronconi y Pablo Lombi, por ejemplo. Luego Holan se sumó al staff técnico del equipo mayor femenino que jugó el Mundial de Sydney en 1990 y que conducía Gustavo Paolucci. Cuando volvió a desembarcar en Lomas ganó tres títulos metropolitanos (uno de manera invicta) y uno argentino y logró que el club tuviera dos equipos en Primera A con las mujeres y ascendiera a la máxima categoría con los varones después de 40 años. En 2003 fue campeón con San Fernando y, enseguida, finalista con Gimnasia y Esgrima siempre en el Torneo Metropolitano. Hasta que le llegó la oferta de Uruguay para conducir al equipo femenino en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo 2003 y allí obtuvo la única medalla de la historia de ese país en el deporte que había compartido con el fútbol desde muy chico. Ya muy atrás había quedado su pasado como jugador en Lomas y San Martín y su sueño trunco de jugar un Mundial junior cuando en 1979 se murió su papá 15 días antes de que dieran a conocer la lista definitiva. “Después me dediqué de lleno a entrenar”, sostiene Holan. “Yo fui entrenador porque me quería parecer a Luis Ciancia; él fue mi faro en la ciudad”, reconoce quien en el hockey se lo recuerda como un DT meticuloso, profesional e impulsivo que, a diferencia de los técnicos de su época que habían jugado en el seleccionado mayor, contaba con muchas menos herramientas para perfeccionarse. Pero Holan no dudó. Se formó. Se capacitó. Y habiendo sido sólo un jugador de un seleccionado B de Argentina se convirtió en un DT respetado por sus colegas y por sus dirigidos. Años después, de la mano del PF Alejandro Kohan (con quien hoy sigue trabajando), se metió de a poco en un mundo muy diferente al del hockey. Pero eso ya es historia demasiado conocida…